Siguenos por correo! solo escribe tu correo y automaticamente sabras de nuestras movidas!

martes, 7 de agosto de 2012

Harakiri


Han escuchado System Of A Down? Pues si lo han hecho, y saben un poco de ellos, estarán enterados de que su vocalista es Serj Tankian. Bueno, el otro dia estaba leyendo cosas por internet y me encontre con que el saco hace poco un album solista.
 El titulo de el album es "Harakiri", me dio mucha curiosidad, ya que me parece que es un muy buen cantante; así que me dispuse a escuchar una canción del álbum en YouTube (también llamada Harakiri). Me gusto bastante, escúchenla si tienen la oportunidad. La canción trata de que nosotros (los humanos) nos estamos matando a nosotros mismos, con todo eso del capitalismo y la contaminación.
Al día siguiente le pregunte a mi mama el significado de esa palabra, me dijo que era un estilo de suicidio en Japón el cual es muy famoso. Al llegar a mi casa fui directo a investigar, y esto fue lo que encontré:

Seguro que alguna vez has oído hablar del suicidio ‘a lo japonés’ o Harakiri, en el que la víctima se abre el vientre con un puñal y deja sus entrañas a la vista de todos. 

1. La muerte tenía lugar delante de un público

Al contrario de lo que pudiésemos creer sobre la intimidad de este momento, el proceso era presenciado por un grupo de espectadores, generalmente amigos, familiares o implicados de algún modo en el motivo de la muerte.

2. El ritual comienza bebiendo sake

En realidad la muerte era (lógicamente) la parte final de un ritual más elaborado, en que se comenzaba bebiendo sake. Después, el samurái solía escribir un poema de despedida en su tessen o abanico de guerra. Finalmente, vestido de blanco (el color de los muertos) y con las manos bien envueltas en papel de arroz (era deshonroso morir con las manos manchadas de sangre), comenzaba la peor parte.

3. El suicida tenía un ayudante

En realidad muy pocas muertes tenían lugar de la propia mano del samurái. De ser así era un proceso prolongado y agónico que podía durar varías horas. A su lado asistía un kaishaku o ayudante, generalmente un amigo o familiar, que decapitaba al moribundo bajo una señal previamente acordada.

El ritual completo consistía en clavarse el tanto por el lado izquierdo con el filo hacia la derecha; cortar hacia la derecha firmemente y volver al centro para terminar con un corte vertical hasta casi el esternón.

Pero, naturalmente, esto resultaba demasiado doloroso y al mismo tiempo desagradable para el público, por lo que la figura del kaishaku se hacía casi imprescindible para aligerar el acto.

4. Muchos no llegaban a clavarse el puñal

Existía una creencia establecida de que cuanto más lejos llegara la víctima en el destripamiento, mayor era su valor. Sin embargo, muchos samuráis morían de la mano de su kaishaku justo antes o en el mismo momento de la primera puñalada. Aunque estos verdugos también a veces fallaban en su corte, aumentando en este caso el sufrimiento.

También había casos en que no existía una daga o tanto disponible, por lo que el suicida podía utilizar su propia katana sujetándola a la mitad del filo con un paño blanco, para evitar el corte en las manos y ejercer mayor presión sobre la hoja.

5. El harakiri podía ser impuesto

Por el propio daimyo (el soberano feudal más poderoso) o por un tribunal, en el caso de que el guerrero hubiese cometido un robo, asesinato u otro tipo de falta al honor. Tradicionalmente se enviaba una carta con un tanto finamente elaborado para usarlo en el proceso y se otorgaban varios días a su destinatario para prepararse. De no llevarlo a cabo era ejecutado de la manera tradicional.

6. Era un privilegio exclusivamente de la élite masculina

Las mujeres de noble cuna también podían practicarlo, en caso de caer en manos del enemigo, seguir a su señor a la tumba o un sinfín más de motivos. Pero se consideraba un suicidio a secas o jigai. Tampoco lo realizaban de la misma manera. Para ellas, consistía en atarse las rodillas o los tobillos (caer sin vida con las piernas abiertas era indecoroso) y seccionarse la arteria carótida.

7. También era una decisión económica

El samurái deshonrado y su misma familia perdían todos sus privilegios y posesiones, que solían acabar en manos del Estado. Rehusar la posibilidad de rescindir su honor mediante el harakiri significaba ser ejecutado sabiendo que también condenaba a sus parientes a la pobreza y a la marginación social.

8. El harakiri más conocido fue el de los 47 ronin

Alrededor de 1701, una discusión entre dos señores feudales terminó con la condena a suicidio para uno de ellos. Tras enterarse del suceso, 47 de sus samuráis (ahora ronin por no tener a quien servir) se reunieron para planear venganza.

Tras dos años de preparativos lograron irrumpir en el hogar del daimyo rival y asesinarlo con la misma espada que había dado muerte a su señor. Tras esto, se entregaron a las autoridades, que les permitieron acabar sus días por su propia mano.

9. Fue oficialmente abolido en 1873

Desde entonces se ha seguido practicando. Especialmente tras el fin de la II Guerra Mundial, muchos soldados japoneses prefirieron cometer harakiri antes que aceptar la derrota ante el ejército estadounidense. En estos casos el kaishaku era un compañero que le descerrajaba un tiro en la nuca.

10. Algunos de los últimos y más famosos harakiris fueron hace relativamente poco

Fueron los del escritor italiano Emilio Salgari, que se quitó la vida recurriendo a esta técnica en 1911. También el escritor Yukio Mishima y uno de sus pupilos, en 1970, se hicieron un haraquiri semipúblico como protesta por la miseria moral y la degradación que suponía el haber abandonado las antiguas virtudes japonesas y haber adoptado el modo de vida occidental.

Uno de los más recientes, el de un empleado de Bridgestone en Japón, en 1999. Recurrió al cuchillo en protesta por su jubilación obligatoria a los 58 años. Aunque no fue capaz de terminarlo, falleció en el hospital a causa de las heridas.

En el caso de Emilio Salgari, la cantidad de obras que escribió no le brindaron una tranquilidad económica durante su vida, sino por el contrario, vivió sin recursos, situación que le llevó a suicidarse de esta manera.

Una mañana de invierno dejó definitivamente la pluma, tras recomendar a su familia a los negreros que le explotaron: “Yo los he hecho ricos; preocupaos al menos un poco por mis hijos”. Una hora más tarde se hizo el harakiri sobre la nieve recién caída, cerca de Turín.

Si les dio ganas de escuchar la canción, acá se las dejo:


-Héctor


No hay comentarios:

Publicar un comentario